Noticias 03 Feb 2026
Descubre cómo los Ácidos Grasos Omega-3 ayudan a reducir la inflamación y mejorar el acné. Evidencia científica, beneficios y fuentes naturales. Diversos estudios dermatológicos han demostrado que la nutrición influye directamente en la aparición y evolución del acné vulgar. Una dieta occidental, caracterizada por alto consumo de carbohidratos refinados, azúcares y grasas inflamatorias, se asocia a un aumento del Factor de Crecimiento Similar a la Insulina (IGF-1), hormona vinculada con los procesos que desencadenan el acné. En este contexto, los Ácidos Grasos Omega-3 (EPA y DHA) destacan como una de las intervenciones nutricionales con mayor respaldo científico, gracias a su acción capaz de modular la inflamación cutánea. Los Omega-3 han demostrado contribuir a reducir procesos inflamatorios, disminuir los niveles de IGF-1 y favorecer la remisión prolongada del acné. De hecho, pacientes con niveles bajos de Omega-3 presentan concentraciones más elevadas de IGF-1, lo que confirma la relación entre un déficit nutricional y la mayor predisposición a brotes cutáneos. Estas conclusiones han llevado a distintos especialistas en dermatología a sugerir la incorporación del Omega-3 como herramienta complementaria dentro de un enfoque integral de salud de la piel. Las principales fuentes alimentarias de Omega-3 son pescados de vida libre como sardinas o salmón salvaje, además de algas, semillas, frutos secos y legumbres. Sin embargo, la dieta occidental suele ser deficiente en la ingesta de EPA y DHA, por lo que la suplementación con aceite de pescado de alta pureza se ha convertido en una alternativa eficaz para alcanzar niveles óptimos. Estudios europeos coinciden en que el uso de suplementos de Omega-3 puede mejorar la respuesta dermatológica en pacientes con acné, especialmente cuando se suma a protocolos médicos tradicionales y hábitos de alimentación saludables. Además de su efecto sobre la piel, los Omega-3 aportan beneficios a nivel cerebral, cardiovascular, articular e inmunológico, por lo que su incorporación a la rutina diaria es considerada una estrategia integral de bienestar. Aunque el Omega-3 no reemplaza los tratamientos indicados por un dermatólogo, sí actúa como un apoyo altamente recomendado para reducir la inflamación, mejorar el equilibrio metabólico y potenciar resultados clínicos. Alcanzar niveles óptimos de Omega-3 requiere constancia, y las mejoras suelen observarse tras varias semanas de consumo regular. En conclusión, la evidencia científica actual respalda el rol de los Ácidos Grasos Omega-3 como aliados en la salud dermatológica, especialmente en el control del acné. Su capacidad antiinflamatoria y reguladora del IGF-1 los convierte en una herramienta clave dentro de un enfoque nutricional avanzado. Incorporar Omega-3 de grado premium en la rutina diaria, a través de suplementos de aceite de pescado extra refinado con concentraciones óptimas de EPA y DHA, permite cuidar la salud de la piel desde adentro y potenciar el bienestar integral.
Ref : https://amp.elmundo.es/ciencia-y salud/salud/2022/05/16/62822141fdddff37558b4581.html